Entre templos y tumbas: Sanda Ōtoshi Jinja

  Después de paladear sin prisas mi delicioso café, me levanté y salí al exterior. Como era un día especial y me sentía animada, decidí seguir con mi excursión y volver a casa dando un tranquilo paseo.

  Crucé un paso a nivel y me fui en dirección al río Muko. Bajo uno de los numerosos puentes que había sobre el río, las apacibles aguas fluían formando una estela brillante bajo el sol.

rio Muko

  Varias veces me equivoqué de ruta y tuve que volver sobre mis pasos. Y fue en una de esas ocasiones cuando por casualidad me topé con un templo que nunca antes había visto y que estaba medio oculto por una pequeña arboleda. Entré por una estrecha calle y salí a un patio donde había algunos columpios. A la derecha se encontraba el santuario con su típico Torii y su nombre escrito en kanji.

Otoshi Jinja

  No había nadie a esa hora. Me acerqué a la caseta de abluciones (Temizuya) que tenía un aspecto muy rústico y humilde. Los Hishaku, los cazos para lavarse las manos, estaban colocados de manera ordenada, esperando que alguien los utilizara.

  La entrada del templo estaba presidida por dos árboles cuyos troncos llenos de nudos se asemejaban a unos músculos sin la cubierta de la piel. A su izquierda, una gran roca negra de forma rectangular parecía descansar relajadamente. Sin duda estaba consagrada a algún dios.

Subí las escaleras y en seguida me encontré ante la capilla donde se rezaba. El cajón que recogía los donativos (Saisen) era pequeño y de color negro, y tenía pintado el símbolo del santuario.

  En un lateral, unos escalones y varios Torii de color rojo conducían a un jardín donde hallé dos capillas dedicadas al dios Inari, el dios zorro. Me sorprendió el aspecto tan descuidado y maltrecho que mostraban los altares pues algunas de las figurillas, que representaban al dios, estaban volteadas o fracturadas. Seguramente todo se debía a los efectos del gran tifón de octubre pero era un poco extraño que a esas alturas, nadie hubiera adecentado el lugar.

  Dejando vagar mi mirada descubrí sobre una piedra, una pequeña imagen de Buda iluminada por el sol vespertino. La Naturaleza y el Hombre parecían simbolizar. La religión sintoísta y la budista se fusionaban y se convertían en una.

imagen Buda

  Con esa bella imagen en mi mente, me encaminé hacia la salida. Pero antes observé que en la parte superior del gran Torii había una fila de piedrecitas y me pregunté qué hacían allí. Después supe que era un signo de buena suerte lanzarlas y conseguir posarlas sobre el arco. ¡Tal vez la próxima vez yo también lo intente!

torii piedras

Y una vez más proseguí mi camino. ¡Continuará!

SOBRE ŌTOSHI JINJA 大歳神社

En Sanda existen seis santuarios Ōtoshi Jinja.
El santuario del que he hablado, se encuentra en Minamigaoka. Desconozco su historia y su antigüedad pues no he encontrado ninguna información.

Ōtoshi-no-kami

Ōtoshi-no-kami 大歳神

Los dioses principales que se veneran son Ōtoshi-no-kami 大歳の神 , Mitoshi-no-kami御年神 y Wakatoshi-no-kami 若年神. Son deidades relacionadas con la agricultura y las buenas cosechas.

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Entre templos y tumbas: Sanda Miwa Jinja

    A principios de noviembre, con un sol que invitaba a salir, me fui de excursión después de almorzar. Era un día perfecto para pasear. Como siempre las calles estaban tranquilas y sólo en algunos momentos se podían escuchar las voces apagadas de niños jugando en los parques. Mi destino era el templo Miwa, y por esa razón intentaba no prestar demasiada atención a lo que me encontraba por el camino.

    Cuando llegué al templo vi que en el Torii (puerta) de la entrada, un letrero anunciaba la celebración del  shichi-go-san, una ceremonia en la que se pide a los dioses que los niños crezcan sanos, y que tiene lugar en este mes. Desde allí, podía ver como Miwa Jinja se alzaba en una colina, protegido por un bosque de cedros.

    Subí unas empinadas escaleras y entré en el patio que había delante del edificio principal. Adyacentes a él se encontraban otros edificios de madera que albergaban los altares de varios dioses. Con mi cámara empecé a tomar fotos de todos los rincones intentando plasmar la belleza del lugar. A veces, algunos fieles que se acercaban para rezar me miraban con curiosidad, tal vez preguntándose qué hacía esa extranjera husmeando por allí.

    Uno de los altares estaba flanqueado por enhiestos zorros de piedra que tenían una aviesa y burlona mirada.

templo inari

    El cedro sagrado del dios Mi-no-kami-sugi se erguía imponente cerca del sendero que llevaba al bosque, detrás del templo. Al pie del árbol se encontraba una figura de cerámica con la forma de una serpiente blanca con dos cabezas. Sentí el deseo de pasar mi mano por la rugosidad del tronco como si de algún modo eso me hiciera entrar en contacto con el kami, pero no sabía si estaba permitido y me contuve.

Mi-no-kami-sugi

    Seguí caminando y cuando llegué a la entrada del sendero vi un cartel que explicaba que en el bosque podía haber maleantes y ladrones. Toda la expectación y deseo de disfrutar del paseo se trocó en intranquilidad y me sentí decepcionada. Aún así decidí arriesgarme. Al principio, el camino de tierra que iba cuesta arriba, era bastante ancho, pero poco a poco se fue estrechando y tuve que andar con cuidado para no perder pie.

    Hubo un momento en el que una bifurcación me hizo dudar sobre qué dirección tomar. Mientras pensaba, me quedé contemplando un bosquecillo de bambúes situado a un lado del camino. Sus formas rectas y elegantes me hicieron recordar aquellas películas de guerreros chinos que luchaban flotando en el aire con asombrosa facilidad.

    Finalmente, opté por adentrarme en un claro del bosque. Las copas de los árboles se inclinaban formando una especie de cúpula sobre mi cabeza. Me sentí aislada. Los sonidos de fuera sólo eran suaves murmullos y cuando escuchaba el crujido de una hoja seca, miraba sobre mi hombro temiendo encontrar alguna sombra amenazante.

cúpula árboles

    Buscando una salida, observé que en un extremo del claro había una especie de barandilla hecha con una cuerda. De ella colgaba el típico papel doblado de los templos sintoístas y señalaba la ruta que había que seguir. Los efectos del tifón se veían en la gran cantidad de ramas resquebrajadas que encontraba a mi paso. Un árbol partido en dos bloqueaba el sendero por completo y tuve que pasar por debajo de él.

árbol partido

    El camino fue haciéndose cuesta abajo y de pronto me encontré en el patio de entrada del templo, justo en el lado contrario de donde empecé a andar. A la luz del sol todo parecía más acogedor. El sacerdote, vestido de blanco, estaba peinando con un rastrillo la arena del suelo. En ese momento no había nadie, y aunque sabía que yo estaba observándolo, apenas me echó un vistazo. Hice unas últimas fotos y decidí marcharme.

salida sendero

Cerca de allí estaba la cafetería Koruri Coffee, y pensé que era una buena ocasión para darme un pequeño placer tomando un riquísimo café de Colombia. Pero mi excursión todavía no había finalizado. ¡Continuará!

UN POCO DE HISTORIA

    El templo sintoísta Miwa de Sanda data del siglo VIII. Por su antigüedad y por estar situado en uno de los barrios más castizos de la ciudad, goza de una gran popularidad.

Su culto tiene origen en el templo Miwa de la ciudad de Sakurai, en la prefectura de Nara. Los dioses del templo original viven en el monte sagrado Miwa y no en la Ōkuninushisala Honden del edificio.

Los kami o dioses principales del monte sagrado son: Ōmononushi-no-kami, Ōnamuchi-no-kami y Sukunahikona-no-kami. También hay otros dioses menores como Mi-no-kami-sugi que vive en un cedro sagrado y está representado por una serpiente blanca.

Según cuenta el libro de crónicas Kojiki, los dioses Ōnamuchi y Sukunahikona estaban creando la nación de Japón, cuando este último decidió volver al país Toyoko-no-kuni. Al quedarse solo, el dios Ōnamuchi no supo cómo continuar con su obra y pidió ayuda al dios Ōmononushi. Este prometió ayudarlo a cambio de ser el dios venerado en el monte Miwa. Ōmononushi-no-kami realmente es el mismo dios Ōnamuchi pero con una diferente alma según las creencias sintoístas. Y a su vez, el dios Ōnamuchi sería el dios Ōkuninushi. Si llegado a este punto, estás perdido, no te preocupes, los mismos japoneses tampoco lo entienden muy bien. La religión sintoísta tiene cierta complejidad.

    El símbolo de los templos Miwa son tres círculos entrelazados. Literalmente Miwa significa tres anillos: mi (tres) wa (anillo).

anillos miwa

    El dios Ōnamuchi (u Ōmononushi) promueve el comercio, la agricultura, la industria, la salud, el transporte y todo lo que conlleve el desarrollo del país. También es el dios del amor y el patrón de los farmacéuticos y de los fabricantes de sake.

AKI MATSURI

    El día 8 de octubre se celebró el festival de otoño en Miwa Jinja, y los OmikoshiDashi pasearon por las calles de Sanda. Por la tarde, el desfile se detuvo al pie de las escaleras del templo y los participantes descansaron tomando sake y comiendo edamame, soja en rama, mientras que otros  fumaban un cigarrillo dejándose caer sobre alguna pared. Sus rostros estaban quemados por el intenso sol que había hecho ese día y se les notaba muy cansados, pero poco a poco empezaron a prepararse para el gran final.

descansando
Los que estábamos de espectadores subimos las escaleras y esperamos la entrada de las carrozas y los palanquines. Como ya pude ver en Tenma Jinja, primero se dio paso a los palanquines infantiles, después los Dashi y finalmente los Omikoshi. En este templo, el espacio era inferior al de Tenma Jinja y los giros se hacían con dificultad y un gran esfuerzo.

    Había otra diferencia. Las personas que cargaban los Omikoshi no se limitaron a dar tres vueltas, sino que balancearon y levantaron los palanquines una infinidad de veces, a pesar de que estaban agotados y algunos parecía que iban a desmallarse en cualquier momento.

    Cuando se anunció el fin de la celebración, el alcalde de Sanda hizo acto de presencia y dio un discurso para clausurar el festival de otoño de Miwa Jinja. Por último, el personal del templo repartió entre los presentes bolas de mochi que todos, agradecidos, tomamos con sumo placer. 美味しかった!¡Estaban riquísimos!

mochi

Si queréis echarle un vistazo a la Web del templo esta es la dirección:
http://www.eonet.ne.jp/~miwajinja/

Música de Otoño

No sé si hay una música para escuchar específicamente en otoño, pero hay una canción en particular que me hace pensar en hojas amarillas y tardes de café calentito.

Es de un grupo japonés llamado Pizzicato Five y tiene un nombre que vais a entender enseguida, “Triste”, sí, tal como lo he escrito. Y es que en Japón es muy usual encontrar palabras en español en los lugares más insospechados: revistas, coches, aparatos, tiendas, edificios, ropa de cama, maquillaje… y canciones.

La primera vez que oí a los Pizzicato Five corría el año 1995 y estaba en… en una etapa muy tranquila de mi vida, cuya mayor responsabilidad era aprobar los exámenes del curso. En ese momento, sus tres miembros me parecieron unos personajes muy curiosos pero divertidos y su estilo de música, refrescante.

Muchos años después, en Japón, me acordé de ellos y los busqué con dificultad porque desconocía tanto el nombre de la banda como el de la canción (Twiggy Twiggy) con la que se hicieron populares. Pero todo es posible en internet y acabé por encontrarlos. Y ahora, gracias a la tecnología actual, puedo recrearme con su música y contemplar el aspecto “chic” de la cantante Maki Nomiya que vestida con una falda escocesa y una bufanda alrededor del cuello entona “totemo kanashii uta ga dekita…” , “he escrito una canción muy triste…”, que habla sobre el desamor y la ruptura pero con un final esperanzador.

Y con esta imagen otoñal me despido de vosotros.

Nota: Tal vez estéis pensando que este grupo no parece muy famoso ni especial, pero seguro que habéis escuchado sus canciones más de una vez sin saberlo. ¿Os acordáis de la campaña de El Corte Inglés en 1996 protagonizada por Cindy Crawford?

Triste alegre Otoño

“Triste” y “Otoño” son dos palabras que siempre parecen ir juntas. La imagen de unas hojas que caen lánguidamente de los árboles y de un cielo opaco y sin color viene a nuestra mente. Los largos y calurosos días llenos de luz quedan atrás y dan paso a una sigilosa y fría brisa que nos provoca un sentimiento de tristeza y melancolía. Ciertamente, las ciudades llenas de cemento y asfalto, adornadas con escasos árboles y vegetación, han fomentado esa visión gris, sin embargo, un paisaje diferente puede hacernos cambiar de opinión.

Hoy, a finales de octubre, el sol no era pálido. No. Resplandecía intensamente en un cielo completamente azul. La temperatura cálida y el día brillante despertó en mí el deseo de caminar y dejándome llevar por un impulso me dirigí al Parque Sanda Tani. Desde lejos el color dorado y rojizo de las hojas parecían las pinceladas de un pintor impresionista. El parque estaba silencioso, y sólo se oían las suaves voces de unos niños que jugaban acompañados de sus madres. Me quedé observando cómo unos patos nadaban apaciblemente y sin temor en uno de los estanques del parque. Era tan agradable pasear por ese entorno tranquilo y sereno, que me costó un gran esfuerzo abandonarlo.

Finalmente, volví a casa satisfecha y relajada. Pero también con mucho apetito. Una sopa de tomate, arroz blanco y sanma a la brasa con guarnición de “kimpira gobou “ fue mi almuerzo. Y como guinda, un buen café y unos pastelitos típicos de Kioto con sabor a calabaza. ¡Itadakimasu!

En verdad, hoy me he reconciliado con el triste otoño o ¿es alegre otoño?

mirador

Parque Sanda Tani 三田谷公園

Flora y fauna de Sanda Tani Kouen

    • Aves del estanque:
      Ánade real o azulón 「マガモ」, Gallineta común「バン」, Garceta común「コサギ」 y Ánade picopinto「カルガモ」.
  • Flora:
    Vara de oro de Canadá「セイタカアワダチソウ」 Planta invasora originaria de Estados Unidos. Se considera maleza aunque el color amarillo de sus flores es muy vistoso.
    Nandina doméstica「南天」Es una planta nativa del este de Asia y muy popular en Japón. Es un arbusto de hojas perennes cuyo fruto es una baya de intenso color rojo.

…Y llegó la calma

Anoche el viento quiso demostrar su fuerza. Como si estuviera furioso por no poder entrar en casa, la zarandeaba y sacudía sin parar.  Las ventanas vibraban ruidosamente y las cortinas se movían acompasadamente con las corrientes de aire.

En la televisión, las noticias sobre las elecciones se turnaban con la información sobre el tiempo. Los periodistas y locutores trabajaban a destajo intentado estar en todas partes. Las primeras declaraciones de los candidatos se mezclaban con las alertas, los consejos sobre cómo actuar ante el tifón y las evacuaciones de gente que podía perder la vida.

Pero todo pasó. Y a la mañana siguiente, un poco “resacosos” por los acontecimientos de la noche anterior, nos levantamos para ver los efectos de la violencia del viento. Ramas partidas, hojas sucias adheridas al suelo, un paraguas maltrecho y abandonado, pequeños postes tumbados esperando que alguien los levantara, era el paisaje que aparecía ante mi mirada curiosa. Sentí compasión por una vieja higuera, robusta y achaparrada,  que yacía en el suelo arrancada de raíz…

Sin embargo, a mi alrededor la gente trabajaba afanosamente. Con escobas, mangueras y hachas todo se recogía y se limpiaba.

Tras el paso del tifón, el aire era más fresco y limpio. Las nubes aún formaban masas oscuras en el cielo, pero había momentos en que el sol brillaba con fulgor inusitado.

Ha pasado el tifón número 21 de 2017.

 

 

Elecciones pasadas por agua

Desde hace más de dos semanas la lluvia no ha dejado de acompañarnos. Agua y más agua sin cesar nos ha hecho sentir como ranas. Y como colofón, el día de las Elecciones Generales, un tifón con bastante fuerza también ha querido estar con nosotros. El móvil y la televisión nos avisaban de que estábamos en situación de “Alerta” 警報, y se aconsejaba a la gente mayor que fuera a los lugares de evacuación previstos.

Pero ni un tifón ha podido detener las elecciones. Los más prevenidos se acercaron a los colegios electorales por la mañana. El gimnasio, el lugar que se suele elegir para colocar las urnas, tenía parte del suelo cubierto con lonas de plástico para evitar que se ensuciara. Hace unos años era necesario quitarse los zapatos al entrar y calzarse unas zapatillas que había en un cesto, pero tal vez la falta de higiene ha sido la causante del cambio.

Dentro del gimnasio estaban las mesas electorales y a su lado, unos cubículos para elegir el candidato lejos de miradas indiscretas. Las urnas, que no dejaban ver su interior, parecían cajas fuertes.

Shinzo Abe, el Primer Ministro de Japón, junto con su partido, el Partido Liberal Democrático, serán sin duda los claros ganadores.

El partido opositor, Partido Democrático, se disolvió en septiembre y sus miembros se unieron a nuevos partidos creados recientemente. Uno de ellos, es el de la gobernadora y alcaldesa de Tokio, Yuriko Koike, que fundó el Partido de la Esperanza. Esta política es una mujer fuerte y decidida que ha empezado a gozar de una gran popularidad, a pesar de ciertos problemas relacionados con el traslado del Mercado Tsujiki a una nueva localización.

El Partido Comunista, cuyas ideas están más cercanas al socialismo, es un grupo que cuenta generalmente con el apoyo de un 10% de los votantes.

Shinzo Abe y su partido abogan por ampliar las competencias del ejército de autodefensa para poder actuar militarmente fuera de territorio japonés. Pero el artículo 9 de la Constitución no lo permite y por esta razón, se están dando los primeros pasos para hacer una reforma de la ley. Japón se debate entre el miedo e indefensión ante Corea del Norte, y su deseo de continuar siendo un país pacifista.

Son ya más de las 8 la noche. Los colegios han cerrado y empieza el recuento de votos. Fuera se escucha al viento rugir furiosamente.

¿Quién ganará las elecciones?

 

 

 

Aki Matsuri: Sanda Tenma Jinja

                           Sanda Tenma Jinja  三田天満神社

Sugawara no Michizane

El templo Tenma Jinja de Sanda tiene más de mil años. En el pasado se llamaba Sanda Jinji 三田神祠 y se adoraba a la divinidad Otoshi no kami 大歳大神(おおとしのおおかみ).

El actual templo venera al kami Sugawara no Michizane 菅原道真, dios de la sabiduría, que fue un erudito, político y poeta nacido en el periodo Heian, el 1 de agosto de 845. Por conspiraciones políticas del Clan Fujiwara fue desposeído de todos sus títulos y desterrado a la isla de Kyushu. Murió el 26 de marzo de 903. Poco después de su muerte acaecieron una serie de desastres en la Corte del Emperador y se pensó que el causante de todo era el espíritu de Suwara no Michizane buscando venganza. Para aplacarlo fue deificado en 986 con el nombre de Tenjin o Kami del Saber. Con el tiempo se convirtó en el dios que ayuda a los estudiantes a aprobar los exámenes.

Aki Matsuri o Festival de Otoño

En este festival, los dioses salen del templo y son transportados en palanquines por la ciudad. Estos palanquines tienen varias formas:

mikoshi esfuerzoOmikoshi o Mikoshi お神輿: son capillas portátiles que llevan a los dioses de la religión sintoísta. Sobre ellas, cuatro niños marcan el paso del desfile con un redoble de tambores. Están fuertemente atados para evitar que  puedan caerse. La parte superior del Mikoshi, curiosamente, se asemeja a unos cojines rojos atados con una cinta. Hay también otros Mikoshi más pequeños que parecen templos dorados en miniatura.

Dashi 山車: también son altares y están adornados con farolillos y cortinajes rojos con relieves dorados. No se pueden cargar sobre los hombros porque son carrozas que poromikoshi6 su peso sólo pueden ser arrastradas.

Los sacerdotes de los jinja visten con ropa del periodo Heian. Esta vestimenta es de origen chino y recibe el nombre de Ikan. En la cabeza llevan un tocado llamado Kanmuri, visten una túnica, el Hō, y un pantalón denominado Hakama.

Las Miko 巫女 son sirvientas o ayudantes de los templos. Son muy jóvenes y suelen proceder de las familias de los sacerdotes.

Mi relato

El primer domingo de octubre se celebra el festival de otoño del templo Tenma Jinja. Una amiga me avisó el mismo día, y sin pensármelo dos veces, sobre las tres y media de la tarde, me encaminé hacia allí.

Aunque el sol se escondía a veces, la tarde era cálida. Las calles estaban solitarias y apenas se escuchaba un ruido. Ni siquiera una suave brisa hacía acto de presencia. Sólo cuando me acercaba a mi destino empecé a escuchar un murmullo de voces y tambores. Desde lejos pude ver el desfile que llegaba al templo y empecé a correr para no perderme su entrada. Sin embargo, la comitiva se detuvo ante las puertas del Jinja. Me aproximé y con mi cámara tomé fotos a diestro y siniestro, ansiosa por inmortalizar todo aquello.

Aki Matsuri

Los encargados de portar los altares vestían kimonos ligeros de verano, con estampados. Calzaban tabis y en la cabeza llevaban anudados los hachimaki. Tras un día paseando al dios Tenma mostraban señales de cansancio. A su alrededor curiosos y familiares se agolpaban en torno a ellos.

Seguí andando y me acerqué a un puesto que vendía taiyakis. Desprendían un aroma delicioso y tuve la tentación de comprar alguno, pero lo dejé para otra ocasión.

Finalmente, entré en el templo. El patio que daba la bienvenida al visitante estaba acordanado para impedir el paso por su interior. La gente, detrás de las cuerdas, aguardaba la llegada de los Omikoshi y los Dashi.

Dentro, un hombre con un rastrillo peinaba la tierra una y otra vez, y unos señores con traje oscuro y una gran flor blanca en la solapa daban órdenes.

Subí las escaleras del templo y busqué un buen sitio para verlo todo. Pero desde allí era imposible. Unos enormes estandartes me impedían ver el centro.

Un grupo de veinteañeros bajaron las escaleras y se situaron en una esquina, detrás de una estatua. Me pareció que aquel era un buen lugar y les seguí como una sombra. Eran un poco desvergonzados y se reían de todo y de todos, pero me hacían sentir un poco como si estuviera en España.

Enseguida entró el sacerdote jefe ataviado con una túnica granate. Una sombrilla de color rojo, que alguien portaba a su lado, daba a conocer su posición dentro de la comunidad. Detrás le seguían otros sacerdotes vestidos de blanco. Todos llevaban un tocado en la cabeza y unos zuecos negros.

La ceremonia comenzó dando paso a uno de los sacerdotes que iba acompañado de tres miko, las doncellas ayudantes del templo. Vestían de blanco y rojo, e iban adornadas con coronas de flores. Subieron al escenario de tatami que estaba en el centro del patio y se sentaron en el suelo. El sacerdote empezó a entonar una melodía con una flauta, y una a una, las miko fueron bailando al son de la música. La primera bailó con unos cascabeles, la segunda utilizó una pequeña katana, y la tercera miko danzó con dos abanicos. Cuando acabó la actuación anunciaron la entrada de los Omikoshi.

Los dos primeros palanquines eran pequeños y uno de ellos era llevado por padres e hijos.

A continuación les tocó el turno a los Dashi, pesadas carrozas que se desplazaban tirando de los extremos de maderos o de cuerdas. Entraron en el patio con un redoble de tambores y repicar de campanas que surjían de su interior. Los hombres empujaban con todas sus fuerzas, mientras otros animaban y corrían a su lado, vigilando que no hubiera ningún percance en los giros. Todo eso unido a la rapidez con que dieron la primera vuelta, que no estaba exenta de peligro, nos hacía sentir, a los que mirábamos, una intensa mezcla de emoción y temor.

En la tercera y última vuelta alrededor del escenario, los hombres debilitados, arrastraron el Dashi con gran dificultad hasta situarlo fuera del camino.

Este proceso se repitió con tres carrozas más y les siguieron después los Omikoshi de mayor tamaño.

A diferencia de los Dashi, estos altares se cargaban sobre los hombros y mientras marchaban, los hombres iban vitoreando ¡“essa essa essa”! エッサエッサエッサ al ritmo de los tambores, que cuatro niños aporreaban sin descanso. A veces sacudían el Mikoshi con fuerte brío y los pequeños, que se inclinababan peligrosamente hacia los lados, tocaban de manera frenética sin perder el paso.

Acabado el desfile, los sacerdotes tomaron las imágenes de las deidades que estaban en los Mikoshi, ocultándolas bajo pañuelos blancos y las volvieron a colocar en el interior del templo.

interior templo sintoista

Y así fue como transcurrió el Aki Matsuri, el festival de otoño del templo Tenma.

Después, los participantes se dispusieron a guardarlo todo. Las familias felicitaban a sus seres queridos que habían hecho tal esfuerzo, y los niños se subían a las carrozas y jugaban sobre ellas.

Me fui a casa contenta porque había disfrutado y aprendido que, en el fondo, todas las culturas son iguales.

Nota: no sólo había hombres en el desfile, algunas mujeres también participaban.

Actualizo este artículo con un vídeo del festival. Yo estoy justo detrás del escenario. Espero que os guste.